miércoles, 18 de abril de 2018

¿Que por qué se caen los árboles en Madrid?

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Casa de la vieja. Jardín El Capricho. Madrid


DEMASIADOS ÁRBOLES NO SON EL PROBLEMA

Madrid es una de las principales ciudades en el mundo respecto a la cantidad de árboles en sus calles. Podría considerarse que esto acarrea problemas como los actuales accidentes por caída de ramas, desgajamiento parcial o incluso el abatimiento de ejemplares enteros. Pero la abundante presencia de árboles en sus calles jamás debería considerarse un problema. El verdadero inconveniente es la planificación, gestión y conservación del arbolado en el paisaje urbano de esta y otras grandes ciudades españolas.

Acacia maltratada por las podas y en estado lamentable de conservación. 
Carabanchel Alto, Madrid



DEMASIADOS PROBLEMAS ACABAN CON LOS ÁRBOLES

A continuación enumero algunas causas que ponen en peligro la salud de los árboles y la integridad física de los propios ciudadanos de Madrid: 

El clima madrileño -mediterráneo y continentalizado- no es lo más recomendable para numerosas plantas leñosas. De hecho, la biodiversidad que de forma natural corresponde a Madrid en este tipo de vegetales es muy baja respecto a otras zonas de la península ibérica. Sin embargo, el catálogo de árboles plantados incluye especies que a duras penas soportan sus tórridos y secos veranos (peor aún por el efecto de isla térmica de la gran ciudad y el calentamiento climático actual).

Los suelos de la metrópoli madrileña en algunos sectores son arcosas graníticas y en otros margas yesíferas. Se trata de sustratos pobres no muy adecuados para la arboricultura.

La mayor parte de las aceras y calles madrileñas han ido convirtiéndose en una superficie de asfalto, cemento y pavimento. Es decir: una costra de nula permeabilidad que dificulta terriblemente los intercambios gaseosos del suelo con el aire y de las raíces de los árboles con el suelo. Tales intercambios gaseosos son imprescindibles para la vitalidad del sustrato y de las plantas.

Las frecuentes obras que cada año padece la ciudad tampoco ayudan. Numerosas zanjas abiertas suelen cercenar raíces de árboles próximos.



Plátano de paseo (Platanus hispanica) en alcorque insuficiente. Paseo del Prado, Madrid

En el paisaje urbano madrileño resulta habitual hallar alcorques (espacios de tierra alrededor del tronco) opresivamente minúsculos. En los últimos años cundió la moda de cubrirlos mediante rellenos mezclados con un aglutinante. Supuestamente porosos, esos rellenos reducen en realidad la penetración del agua de lluvia en el terreno y la transpiración del suelo. Si un árbol recibe riego por goteo subterráneo bajo esa cobertura y en un entorno de pavimento aún más impermeable es posible que padezca un exceso de humedad que a la larga le cause asfixia radicular.


Leñosas sobre pavimento de relleno con aglutinante. Atocha, Madrid.

En parques y jardines de Madrid no faltan extensiones de pradera artificial regadas en buena parte del año. El césped lo requiere para mantener su verdor, pero los arboles ubicados en esas praderas producen raíces menos profundas y se vuelven más vulnerables al embate del viento, más cuanto mayor es su altura.

En los riegos de algunos parques se ha empleado agua reciclada procedente de depuradoras, agua que provocó el debilitamiento y muerte de ejemplares incluso centenarios.

Las podas llevadas a cabo a lo largo de años, salvo honrosas excepciones, han sido muy perniciosas. En general por realizarse cortes en ramas demasiado gruesas, por modelar ramificaciones muy abiertas e incluso por podar a destiempo, en fechas favorables al acceso de elementos patógenos como los hongos. La mayoría de esos trabajos podría haberse evitado eligiendo especies arbóreas de escaso porte o arbustivas.



Plátano de paseo (Platanus hispanica), especie de gran porte, 
inadecuada para calles convencionales. Carabanchel Alto, Madrid

Las podas masivas y abusivas han podido contribuir además al contagio de enfermedades al no observar demasiada higiene preventiva en el uso de las herramientas de corte.



Plátano de paseo (Platanus hispanica) con poda muy abierta e inapropiada. 
Carabanchel Alto, Madrid

La proximidad de árboles de la misma especie formando hileras facilita la dispersión de enfermedades y plagas en un paisaje tan arbolado como el madrileño. Conviene tener en cuenta la incidencia que en las transmisiones patógenas puedan tener vectores tan novedosos como la cotorra argentina (Myiopsitta monachus) que con su pico extrae semillas, frutos, flores y brotes de hojas arbóreas, así como ramas que corta para construir sus nidos. Tampoco hay que desestimar la insalubre contaminación atmosférica urbana cuyas partículas nocivas se adhieren a las hojas de los árboles.



Cotorras argentinas (Myiopsitta monachus). Arturo Soria, Madrid

Lamentablemente estas causas actúan de modo sucesivo y sinérgico a lo largo de la vida de los árboles madrileños. En su conjunto resultan tan letales que más que investigar el motivo por el cual se caen los árboles habría que estudiar cómo consiguen sobrevivir en un ambiente urbano tan hostil.



Plantación de arces (Acer negundo
afectados por una enfermedad desde hace más de una década. Arturo Soria, Madrid


Detalle de un arce (Acer negundo) con el tronco muy deteriorado. 
Arturo Soria, Madrid



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lunes, 26 de febrero de 2018

RÍOS (2). Degradación y "renaturalización" del río Manzanares

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De paisaje ribereño a desecho urbano

Lo que antes fuera un río bordeado de sauces, fresnos, chopos y olmos, sobre un lecho de arenas procedentes de arcosas graníticas de la Sierra de Guadarrama, con arroyos tributarios y afloramiento de aguas subterráneas, y acrecentado por avenidas periódicas o mermado en los estiajes…acabó canalizado allá por los años 20 del pasado siglo, en paralelo a la ocupación metropolitana de sus riberas.
Presa para regulación de nivel en la antigua canalización
 del río Manzanares (Madrid)

La canalización madrileña del río Manzanares introdujo 9 presas para mantener artificialmente el nivel del agua durante todo el año. El canal urbano se reguló construyendo el embalse de El Pardo (1970). Y a ello se suma la presa de Santillana (1907 y 1971) que, cerca del nacimiento fluvial, deriva agua de consumo al área metropolitana.

Río Manzanares embalsado por la presa de El Pardo (Madrid)

Embalse de Santillana junto a Manzanares el Real (Madrid)

Durante décadas, el río Manzanares atravesó Madrid recibiendo aguas residuales sin depuración y quedando reducido a una cloaca a cielo abierto, flanqueada parcialmente por la autovía urbana M-30


Lecho del río Manzanares en 2017 soportando infraestructuras viarias (Madrid)

Definitivamente el río fue ignorado por los gestores urbanos y ambientales, que lo trataron como a un deshecho ecológico y paisajístico…Hasta 1950 no entró en funcionamiento una primera depuradora (La China). En 1985 se instaló una red de estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR), posteriormente mejorada y ampliada.


Río Manzanares en el tramo final de Madrid Río (Madrid). Año 2017

Redecorando al Manzanares: Madrid Río

Entre 2004 y 2007, mientras se realizó la obra de soterramiento de la M-30, “hubo que abrir las compuertas y el río se comportó de manera espectacular, y mira que se le hicieron barbaridades”, según comentó José Antonio Díaz Lázaro, por entonces comisario de aguas de la Confederación Hidrográfica del Tajo.



Río Manzanares en 2011 tras concluir el proyecto Madrid Río (Madrid)

A ello siguió la ejecución del proyecto Madrid Río, que concluyó en abril de 2011 transformando las riberas urbanas del Manzanares en amplias áreas verdes, bajo las cuales circula oculto el tráfico de la autovía M-30. La “redecoración” efectuada mejoró radicalmente la estética del paisaje adyacente a la canalización del río, pues le aportó arbolado, ajardinamiento y espacios abiertos. Aunque, el acondicionamiento fue más cosmético que ecológico. Fijémonos, por ejemplo, en el arbolado:

Apenas se plantó árboles ribereños. Sólo un 5,25% de lo plantado corresponde a vegetación riparia, incluyendo también algunas especies foráneas.

El grueso de la vegetación ribereña son pinos. Casi la mitad de los árboles (48,38%) que crecen en ambas márgenes del río son pinos resultando menos que testimonial la presencia de encina (1,60%)


Río Manzanares en 2011 tras concluir el proyecto Madrid Río. Al fondo se aprecia una antigua presa de regulación del nivel del canal del río (Madrid)

Meses después de materializarse el proyecto Madrid Río, visité en diciembre algún tramo del recién estrenado corredor urbano del Manzanares. Pude constatar que el nivel del agua coincidía con lo que debiera ser un caudal normal para la época dejando al descubierto bancos de arena colonizada por vegetación de ribera y con presencia de aves acuáticas, aspecto que suponía ya un importante avance hacia la naturalidad del río.


Río Manzanares en 2011 tras concluir el proyecto Madrid Río (Madrid)

Plan de renaturalización del río Manzanares a su paso por la ciudad de Madrid

En 2016, el Ayuntamiento de Madrid abrió definitivamente las compuertas de las presas urbanas como parte del Plan de renaturalización del río Manzanares a su paso por la ciudad de Madrid. Liberar el caudal y el lecho del Manzanares está mejorando sensiblemente la naturalidad de su lecho con nuevos aportes de arenas que garantizan el asentamiento de la vegetación y la dinámica de la sucesión ecológica.

En colaboración con Ecologistas en Acción y la Confederación Hidrográfica del Tajo, el actual plan de renaturalización incluye básicamente las siguientes medidas:

Eliminación de tramos con escollera de roca para generar cierta naturalidad en el relieve de las orillas incorporando también arbustos y árboles de ribera autóctonos.

• En los tramos en que permanezcan los muros de canalización se ubicará soportes que favorezcan la revegetación de las orillas.

• En algunos puntos: inserción de instalaciones de bioingeniería que incluyen soportes artificiales (entramados, gaviones, biorrollos) para inducir un flujo sinuoso de las aguas.


Aguas arriba y abajo de la ciudad

En la antesala de la urbe madrileña también se lleva a cabo una Restauración fluvial del río Manzanares en el entorno fluvial del Real Sitio de El Pardo. Los trabajos inciden tanto en el lecho fluvial como en los taludes y zona de inundación en un intento de devolver parte de la naturalidad y funcionalidad que el embalse de El Pardo arrebató al río. No obstante, el embalse se mantiene.



Panel informativo sobre la Restauración fluvial del río Manzanares en el entorno fluvial del Real Sitio de El Pardo (Madrid)

Panorámica del Parque del Manzanares Sur. Parque Lineal del Manzanares (Madrid)

En el otro extremo urbano, el río Manzanares fue acondicionado en los últimos años como parte del Parque Lineal del Manzanares. Este parque lineal -que no corredor ecológico- comienza en un gran parque urbano (Parque del Manzanares Sur) donde el equipo de Ricardo Bofill diseñó amplios espacios verdes destinados a ocio y deporte sobre terrenos de la llanura de inundación fluvial. El cauce del río lo atraviesa sin conexión paisajística entre ambos, pero aquí el Manzanares detenta una mayor naturalidad: no está canalizado y mantiene en ambas orillas un soto precario que lo acompaña en su viaje hacia el río Jarama.


Río Manzanares en 2017 a su paso por el Parque Lineal del Manzanares (Madrid)

Apariencias que no deben engañar

Las iniciativas por la renaturalización del Manzanares son un hecho…Pero, no nos engañemos: aportar apariencia natural al paisaje fluvial no equivale a su verdadera recuperación como ecosistema, ni mucho menos como sistema hidrológico.

Ecológica e hidrológicamente el tramo urbano del Manzanares dejó de ser un río cuando lo engulló la ciudad.

Desde entonces, un porcentaje del caudal urbano del río se alimenta de aguas residuales -hoy tratadas- que proceden, además de su cuenca, de otras varias (Lozoya, Jarama, Guadalix, Guadarrama y Alberche) siendo sus características físico-químicas muy diferentes a las que le corresponden de modo natural (lo que afecta más a la fauna invertebrada y a la microflora que a las aves), tampoco recibe el drenaje de los arroyos desaparecidos ni interfiere con los acuíferos locales, ni puede ocupar sus antiguas llanuras de inundación.



Río Manzanares en Madrid Río, Legazpi (Madrid). Año 2017

En palabras de Alfredo Ollero Ojeda (Profesor de Geografía Física en la Universidad de Zaragoza):

“Si se quiere conservar un río como ecosistema y como corredor ambiental en el territorio se debe proteger ante todo su dinámica hidrogeomorfológica, porque ésta es la que va a garantizar la biodiversidad, la calidad ambiental y la protección de todos y cada uno de los elementos del sistema y de sus relaciones.”

Está más claro que el agua: basta con que el río circule libremente para que recupere niveles aceptables de naturalidad. Es sólo cuestión de voluntad política y tiempo. Otro asunto es que haya gestores que anhelen obtener resultados rápidos, rentables en votos, con gastos y fotos que ilustren su protagonismo.

Hay que dejar hacer al río Manzanares en la ciudad de Madrid, adaptarse a sus cambios…que podrían sorprendernos pues, virtualmente, la revegetación espontánea (sucesión secundaria) tenderá a crear una maraña de herbáceas, árboles y arbustos que impidan ver el río ¿Hasta dónde se permitirá esa recomposición ecológica?


En el CAPÍTULO ANTERIOR:
RÍOS (1). Sistemas naturales y complejos


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lunes, 29 de enero de 2018

RÍOS (1). Sistemas naturales y complejos

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A decir verdad, un río no es “una corriente continua de agua”. De hecho, en zonas de clima mediterráneo algunos ríos desaparecen parcialmente en el estío. Lo que define a un río es su aptitud para conducir agua -captándola o cediéndola- dentro de un sistema más amplio, que puede incluir afluentes, lagos, lagunas, turberas, pantanales, manantiales y acuíferos subterráneos.

El río Guadiana Viejo forma parte de un complejo sistema hidrológico de lagunas fluviales integrado en el Parque Natural de Las Lagunas de Ruidera (Ciudad Real, Albacete)

Dicho de otro modo: río es un flujo de agua -más o menos permanente- circulando por un lecho natural conectado a una cuenca hidrológica. El concepto de conectividad (conexión) es esencial cuando hablamos de ríos…y eso es algo que a menudo se ignora, se olvida, o se acalla.

Ribera del Ebro y viñedos. Haro (La Rioja)

Cualquier río es un sistema abierto, dinámico y fluctuante
Es abierto porque está conectado a otros sistemas (cuenca hidrológica, ecosistemas de ribera, relieve, atmósfera…) con los que interactúa. Es un sistema dinámico porque experimenta frecuentes cambios (p.ej. en la física, química y ecología de sus aguas) tanto en el espacio como en el tiempo. Y es un sistema fluctuante porque sus variables (caudal, energía, sedimentos…) oscilan dentro de unos límites ligados a períodos temporales y a volúmenes de precipitación. Las fluctuaciones se dan a lo largo del año entre situaciones extremas de crecida y estiaje. Y a lo largo de los años en función de ciertas oscilaciones del clima, de modo más marcado en ambientes mediterráneos.


Mezcla de aguas en el río Dora di Veny. 
El flujo lechoso procede de la fusión de un glaciar. 
Val Veny, Alpes (Italia)

Geológicamente los ríos son agentes muy dinámicos
El agua que contienen es un fluido disolvente que se carga de energía al descender desde territorios elevados. La consecuencia es que, a su paso, los ríos erosionan, diluyen y transportan muy diversas materias (arcillas, limos, arenas, gravas, cantos rodados, bloques pétreos, restos orgánicos, contaminantes humanos). Y depositan esos materiales cuando la energía de sus aguas se desvanece o el porcentaje de sedimentos alcanza en ellas cierta saturación.

Tanto el acarreo como el depósito de materiales pueden suceder a la vez, especialmente en los tramos alto y medio del curso fluvial. También llegan a ser simultáneos en el tramo bajo durante las crecidas.

Fondo plano de valle glaciar con el Río de Las Vueltas trazando meandros. El Chaltén. Patagonia (Argentina)

Para constatar ese contrapunto entre arrastre y sedimentación contemplemos el meandro (curva) de un cauce fluvial. Mirando corriente abajo la curva de un río descubrimos que el agua socava su orilla más larga (orilla externa) mientras que abandona restos en la orilla más corta (orilla interna) ¿Por qué?

Cuando el agua de un río toma una curva, igual que sucede a un automóvil, tiende a moverse hacia fuera de la curva, sufre un desplazamiento centrífugo…como la ropa en una lavadora con centrifugado. Esa energía activa la erosión hacia la orilla externa permitiendo la descarga de materiales en la orilla interna.

Río Cinca y su llanura de inundación en Aínsa. Pirineo Aragonés (Huesca)

Geomorfológicamente los ríos son muy activos modelando el relieve
Durante las avenidas o crecidas amplían enormemente la anchura y profundidad de su lecho circulando sus aguas con mayor velocidad y volumen. Durante esos episodios los ríos marcan el límite máximo de sus territorios, de modo más patente en las llanuras aluviales o de inundación. Llanuras que, por otra parte, se cargan de sedimentos minerales finos y materia orgánica al descender el nivel del río tras la inundación. Los suelos de las riberas son por ello muy propicios al establecimiento de una frondosa vegetación natural -llamada vegetación riparia- que en su máxima expresión genera bosques. Esa vegetación y la amplitud de la zona inundable contribuyen a reducir la velocidad de las aguas durante las riadas moderando su poder erosivo. Cuando se canaliza un río o se urbaniza su ribera se altera drásticamente la geomorfología del territorio fluvial -que controla y se adapta a las crecidas- esto suele acarrear consecuencias nefastas, en ocasiones dramáticas.

Soto fluvial en la ribera del Ebro (La Rioja)

Ecológicamente, los ríos son flujos de agua y vida
Sirven de corredores en los que habitan y transitan especies, y se dispersa su descendencia. En su fluir generan ecosistemas de trazado longitudinal íntimamente vinculados al agua, como bosques galería y sotos de ribera que aportan altas dosis de biodiversidad, de modo muy destacable en paisajes del ámbito mediterráneo donde su presencia acentúa el efecto borde (ecotono) en contraste con la vegetación que los flanquea, adaptada a la sequedad en parte del año. Ese efecto -muy intenso para la limitada anchura que suelen mostrar los ríos mediterráneos- se multiplica a lo largo de su curso, durante decenas o centenares de kilómetros, en contacto con una gran variedad de territorios, muchos de ellos con escasa presencia de arbolado o dominados por vegetación perennifolia.

Alisos (Alnus glutinosa) en bosque galería del río Lozoya (Madrid)

Además, la sección que atraviesa un río de orilla a orilla secuencia una considerable variedad de hábitats terrestres y acuáticos, estos se suceden en una zonación que atiende a la disponibilidad gradual de agua desde el suelo de las riberas al lecho fluvial.

Los ríos resultan muy activos en la generación, propagación y mantenimiento de vida. Igualmente, son capaces de recuperarse tras sufrir episodios de devastación natural, de degradación artificial, o la suma de ambos.

Ciudad de Zamora junto al río Duero (Zamora)

La actividad humana es la principal causa de degradación ecológica de los ríos
Sus aguas permitieron el asentamiento agrícola de nuestra especie. Hoy, en la mayor parte del mundo crecen los poblados ribereños y con ellos el volumen de sus desechos, hasta dejar de incorporarse a los ciclos de la materia en la explotación agraria. En consecuencia, los ríos se usan de cinta transportadora que diluye y aleja residuos agrícolas, urbanos e industriales…en unas aguas que -a su vez- siguen siendo vitales para el abastecimiento humano.

Infinidad de cauces y riberas fluviales han sido intensamente explotados y desnaturalizados alterando su estructura paisajística, su funcionalidad ecológica y su dinámica hidrológica. Entre las actuaciones más dañinas destacan:


• Eliminación de la vegetación natural riparia o ribereña.

• Transformación de riberas en vegas.
• Ocupación urbana o industrial del suelo de las riberas.
• Remoción de lechos y orillas con maquinaria pesada.
• Extracción de arenas y grava para construcción.
• Instalación de diques y presas.
• Canalización de tramos fluviales.
• Tendido de vías de comunicación en paralelo a los cursos (carreteras, líneas férreas).


Río Guadarrama canalizado, a su paso por Collado Villalba (Madrid)

Durante el siglo XX surgieron iniciativas para regenerar ríos depurando aguas residuales antes del vertido y eliminando canalizaciones de lechos fluviales hasta recuperar su vegetación natural. La tendencia es creciente y en la actualidad asistimos a nuevos intentos, uno de ellos lo analizaremos en el capítulo siguiente…



PRÓXIMO CAPÍTULO:
RÍOS (2). Degradación y renaturalización del río Manzanares


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